Pekín

3-11-2011
¡Por fin empieza nuestra aventura! Tras días de preparativos y de despedidas, ya estamos camino de Pekín. Aún no somos muy conscientes de lo que estamos haciendo y la sensación es extrañísima. Cuando estamos a punto de aterrizar, nos hacemos la pregunta de siempre: "¿Y ahora dónde hay que ir?". No hemos preparado nada sobre este viaje, y confiamos plenamente en que la guía nos ayude a planificar todo. El primer problema viene cuando al ir a buscar en la guía cómo llegar del aeropuerto al centro, descubrimos que la hemos dejado olvidada en el aeropuerto de Moscu... No hay mal que por bien no venga, y así vamos a descubrir algo que varias veces nos habíamos planteado, si es mejor viajar con guía (y condicionado a ella) o sin ella.



Ya en el aeropuerto y tras la confusión inicial, conseguimos entender que el autobús al centro cuesta 16 Yuan, y el metro 25 Yuan, por lo que optamos por el autobús. Los autobuses se cogen en la salida de la terminal. La línea 3 lleva a la estación de ferrocaril, y nosotros cogemos la línea 2 hasta Xidan, ya que nos suena haber leído que hay alojamiento por esa zona. Hemos intentado cambiar dinero en el aeropuerto, pero nos cobran 6 € de comisión, por lo que echamos mano de los yuanes que nos han dado Mario y Begoña. Al autobús le cuesta llegar unos 40 minutos.

Una vez en Xidan, y tras algún problemilla para orientarnos, una chica nos indica el camino hacia lo que nosotros pensamos que es la zona de "mochileros". Lo gracioso, es que nosotros le preguntamos por los "hutongs", que luego descubriremos que se le llama así a todos los callejones.
Parece que la cosa va a ser más complicada de lo que pensábamos. En el único hotel que hemos visto nos dicen que no admiten extranjeros. No hay ni rastro de hoteles ni de turistas. Tras casi dos horas de marcha, encontramos uno. Nos cobran 200 Yuan, y aunque nos parece excesivo, decidimos quedarnos. Las recepcionistas no tienen ni idea de inglés, y la sorpresa viene cuando, de repente, nos pasan un móvil y un chico nos dice que no podemos quedarnos, por problemas de idioma. Resignados, emprendemos la marcha hacia otro hotel que nos dicen que hay cerca. Después de dar alguna vueltecilla, preguntamos en uno, tiene demasiada buena pinta para nosotros, pero esperamos que al menos nos indiquen dónde podemos encontrar alguno.
Nos ofrecen una habitación en el sotano, por 159 Yuan. Vamos a verla, pensando que va a ser lo peor, y nos sorprende ver una habitación perfecta para nosotros; limpia, amplia, incluso tiene albornoz, toallas, muestrecitas de champu, secador, té, televisión, etc... El baño está fuera, y es un poco raro, pero es más que suficiente. Incluso tiene wifi, aunque al estar en el sotano, no llega a la habitación. El hotel es el Hanting Express, y está al lado de la parada de metro de Xisi.

Una vez instalados, vamos a comer a un restaurante que hay al lado. ¡Nuestra primera experiencia con palillos! Aunque nos cuesta, y no tenemos mucho estilo, no se nos da mal del todo, aunque hemos de reconocer que nos alegramos de habernos llevado los tenedores de plastico del avión, ¡menudo partido les vamos a sacar!. Pedimos unos noodles y un plato que no tenemos ni idea de lo que es (parecen calamares, pero están muy duros). 
Después de comer vamos a dar un paseo. En el camino hacia el hotel hemos visto una zona con varios centros comerciales, y nos dirigimos hacia allí. Llama la atención la cantidad de tiendas dedicadas a bodas. La verdad es que el día (o días, llevamos más de un día de viaje), ha sido duro, y no tenemos ningún interés en compras, así que a pesar de que es pronto, volvemos a la habitación, y a las 18.30 ya nos vamos a dormir.


4-11-2011
Parece que el jet lag y las noches de nervios han pasado factura, ¡12 horas durmiendo!. Nos levantamos dispuestos a descubrir Pekín. Ya que no tenemos guía, buscamos en Internet algo que nos sirva de referencia. Nuestra primer objetivo es la plaza de Tian'anmen y la Ciudad Prohibida. Aunque está algo lejos, vamos andando. Llegamos a la plaza, a la que se accede desde la puerta de Zhengyang. Ésta es la plaza pública más grande del mundo.



Dentro de la plaza está el mausoleo a Mao, y el obelisco en recuerdo a los chinos muertos en actos revolucionarios,  el Monumento a los Héroes del pueblo. A ambos lados de la plaza está el museo Nacional de China y Great Hall of People. Al final de la Plaza esta la puerta de la Paz Celestial, presidida con una foto de Mao.


Desde aquí accedemos a la Ciudad Prohibida, antigüa residencia de las dinastías Ming y Quing. Son un montón de palacios, y aunque de primeras impresiona, se hace un poco repetitivo. La entrada son 40 Yuan. Fue construida a principios del siglo XV. Desde la Puerta de la Paz Celestial se llega hasta la Puerta del Valor Militar Divino, atravesando, entre algunos de los 980 edificios que comprende, el Salón de la Armonía Suprema, el Palacio de la Pureza Celestial o el Jardin Imperial .



Dentro del Salón de la Armonía Suprema está el trono imperial. A sus puertas, vimos un montón de gente agolpándose para hacer fotos. Al acercarnos descubrimos que la causa de tanto alboroto era este trono.




Acabada nuestra visita, vamos a comer y queremos aprovechar la tarde para ir al mercado de la seda, ya que se nos ha roto la tarjeta SD de la cámara y Fernán necesita alguna cosilla. Este mercado son 5 pisos en los que puedes encontrar de todo, ropa, bolsos, zapatos, relojes, artículos deportivos, maletas, etc… Los precios, tras el imprescindible regateo, parecen bastante buenos. Para que os hagáis una idea, una tarjeta SD de 8 GB, nos costó 150 Yuan, un cortavientos, 90 Yuan (la señora, toda ofendida por el regateo, inclus se negó a darnos una bolsa). Eso sí, la tarjeta nos la vendieron como si fuera de clase 6, y hemos comprobado que es muy lenta, incapaza de grabar video en la cámara.
En el camino hacia el mercado hemos pasado por Wangfujing Street, una calle llena de tiendas y centros comerciales. Hemos intentado buscar alguna guía, y nos ha extrañado ver que tienen de todos los países excepto de China. Luego nos hemos enterado que es por el tema de la censura, y que a veces incluso te la llegan a quitar en la aduana.

Tras haber andado más de 15 km., nos decidimos a coger el metro. La experiencia nos deja alucinados. Una marabunta de gente entra y sale, los vagones van llenos de gente, y en la puerta de cada vagón hay una persona “poniendo orden”. ¡Y yo que me quejaba del 23! El precio del metro es de 2 Yuanes.

Una de las cosas que llama la atención de Pekín es la seguridad. En ningún momento hemos tenido sensación de desconfianza. También nos están sorprendiendo los chinos. Pensábamos que iban a ser más cerrados, pero la verdad es que nos han intentado ayudar en todo momento. Eso sí, nadie habla inglés. Así que si hay alguien que no quiere venir a China por la excusa del inglés, que sepa que aquí no es problema porque no lo habla nadie!!! Con el método tradicional del “papel y boli” conseguimos entendernos, y para comer, señalamos las fotos. En el hotel hemos sido más sofisticados y nos entendemos usando un traductor en internet.

También es curiosa la forma de cruzar las calles. Aquí el peatón no tiene ninguna prioridad. Creemos que los semáforos verdes indican el único momento en que se puede cruzar, pero eso no garantiza que los coches vayan a parar, vamos, que no hacen ni mención de pisar el freno. Mucha gente va en bici o en moto, en la mayoría de los casos, eléctricas.
A la hora de comer nos apañamos con arroz y noodles, o noodles y arroz (entre 15 y 10 yuan). Desayunamos algún bollo y yogur que compramos en el supermercado. También echamos manos de los sandwichs que venden en los supermercados (5 yuan).
Lo que peor llevamos no es el hecho de que escupan por la calle, de hecho esperábamos que fuera peor. Sin duda lo peor es el ruido que hacen al comer, ¡qué manera de sorber la sopa y engullir los fideos!, y la dichosa manía de comer pipas a todas horas.

5-11-2011
Ufff, nos vamos superando… ¡hoy hemos dormido 13 horas! Nos hemos despertado a la una. Eso es lo bueno de tener un año por delante, que a diferencia de otros viajes, no tenemos presión por ver el máximo de cosas en el tiempo que duraban nuestras vacaciones, y no pasa nada por perder una mañana.
Hoy nos toca el Templo del Cielo. De nuevo, volvemos a ir andando. Es sábado por la mañana y se nota la cantidad de gente que hay por las zonas comerciales. El Templo del Cielo está al sur de la plaza de Tian’anmen. Para ir allí pasamos por Quianmen Street , una calle con mucho ambiente, tiendas, incluso con un tranvía haciendo un pequeño recorrido.
La entrada al Templo del Cielo sólo nos cuesta 10 Yuan, y luego descubrimos que es porque el templo ya está cerrado. Sin embargo, podemos pasear por los jardines que lo rodean, y tener una buena vista del mismo. Este templo fue construido en 1420, y a él acudía el emperador al principio de la primavera para rogar por una buena cosecha, y durante el solsticio de invierno para agradecer la cosecha.

De allí vamos al mercado nocturno, en Dongamen St, y unas callejuelas por Wangfujing Street. Aunque hemos dicho que en este viaje vamos a probar de todo, la primera impresión nos marca. Nada más entrar en el mercado vemos varios puestos con pinchos de escorpiones, orugas, etc… pero lo peor es que ¡los escorpiones están vivos! Fernán dice que los va a probar, y eso hace que el resto de la visita por el mercado sea un infierno, pensando en lo que me va a tocar. Vemos de todo, murciélagos, pájaros pequeños, ciempiés empanados, arañas, caballitos y estrellas de mar… Está claro que todo son prejuicios, ya que también hay pulpo, mejillones,.. que a nosotros nos encantan y que pueden resultar desagradables para cualquiera.





Probamos una especie de raviolis, y finalmente Fernán se decide por un pinchito de serpiente (20 Yuan). No es tan desagradable como otros, en los que en el pincho está clavada la serpiente tal cual, ya que aquí la carne está cortada a trozos. No me queda otro remedio que probarlo, (ya sabéis, no hay huevos…), y da mucho asquito, pero la verdad es que sólo sabe a las especias que le ponen. Fernán como un campeón se come el pincho entero sin protestar. Y yo, como recompensa, me tomo un helado para pasar el mal trago. Rocafú tampoco quiso perderse la suculenta cena.


Estamos ante la duda de volver al hotel o ir a una zona que parece de bares, Nanluogxiang Alley. Aunque ya hemos perdido la noción del tiempo, es sábado noche, así que optamos por la zona de bares. Otra de las cosas que llama la atención de Pekín es que no hay bares, entendiendo por bar un sitio donde te tomas un refresco, un café y pasas el rato. Hay varios restaurantes, pero no hay un sitio al que sólo vayas por ocio.
Así que la zona a la que llegamos (tras unos cuantos Km. más), nos sorprende muy gratamente. Es un gran lago, rodeado de bares iluminados, y en todos los bares hay música en directo. Hay mucho ambiente. Eso sí, nos tenemos que conformar con verlo desde la puerta, ya que los precios son demasiado caros (una cerveza entre 400 y 700 Yuan). El paseo también nos ha servido para ver la Drum Tower.


¡¡Muchas felicidades a Alfonso y Lourdes que hoy ha sido su cumpleaños!!


6-11-2011
Nos ponemos en marcha hacia el palacio de Verano. Hacemos el primo, y volvemos a andar de lo lindo, con la idea de llegar a una parada de metro donde coger un autobús. Luego descubrimos que la línea 4,  que está al lado de nuestro hotel, lleva hasta allí. Al menos el paseo nos ha servido para ver un baile de motivación que estaban haciendo los empleados de una peluquería. Desde aquí animamos a nuestros compis Pyrenalios y Cooperahabitos a hacer un bailecito así.

Hay que bajarse en la parada Beingongmen, y a pocos metros está la entrada. Como vamos mal de tiempo, nos aventuramos a comer en los puestos callejeros, y como nos gusta todo, nos quedamos tan contentos. La entrada al palacio cuesta 20 Yuan.
El palacio de Verano era la residencia de verano de los emperadores. Ocupa unas 300 hectáreas, en las que se puede disfrutar de jardines y más de 300.000 estructuras. Todo ello alrededor del lago Kunming y la colina de la Longevidad Milenaria. Destaca el Gran Corredor, el Barco de Mármol y el Puente de los 17 Arcos.




Tras pasar un buen rato paseando por aquí, y disfrutando de las vistas, vamos hacia el estadio Olímpico. Cogemos el metro, con tal mal suerte de que la línea 8, que llega hasta allí, está en obras. Preguntamos y nos indican que podemos coger el autobús 81. Enseguida se ven las instalaciones, así que no hay duda de dónde bajarse. El precio del autobús es de 1 yuan. Toda la zona impresiona, empezando por los grandes edificios y hoteles (uno de 7 estrellas), hasta el estadio Olímpico, el Nido y el Cubo de Agua. Vamos al atardecer, con lo cual tenemos suerte y podemos ver todos estos edificios iluminados.


Hoy ha sido la maratón de Zaragoza. Desde aquí mandamos nuestra enhorabuena a todos los participantes, en especial a Jorge Salinas, Luis Carballeda y Rafa Barbero. Ya nos han dicho que el viento no ha ayudado mucho...
También felicitamos por su cumple a Charlie y a Moro, ¡Muchas felicidades!!
7-11-2011
¡Hoy toca la Gran Muralla! Hemos dudado mucho en que tramo visitar, ya que el queríamos hacer, el de Jinshanling y Simatai, está en obras. Rechazamos el de Badaling por ser demasiado turístico, y optamos por ir a Mutianyu . Para ir hasta allí vamos en metro hasta la estación de Dongzhimen, y  allí cogemos el autobús 916 hasta Hairou (11 Yuan), a 17 Km. de la gran muralla. No sabemos en qué parada exactamente bajar, le preguntamos al conductor y nos dice que debemos bajarnos ya. El autobús tiene varias paradas, y los taxistas suben al autobús para buscar clientes. Suponemos que independientemente de donde te bajes, en cualquier parada a lo largo del pueblo va a haber taxistas. Desde allí cogemos un taxi hasta el acceso a la gran muralla (50 Yuan). De nuevo hay que decidir, subir andando, subir en teleférico, bajar en teleférico o bajar en tobogán. La subida andando queda descartada, así que subimos en teleférico y bajamos en tobogán (80 Yuan). La entrada cuesta 50 Yuan, pero enseñando el carné ISIC de estudiante nos lo dejan en 25 (creemos que enseñando cualquier carné y diciendo que es de estudiante hubiera colado igual).



La Gran Muralla nos deja impresionados. Aunque al principio las subidas y bajadas nos echan para atrás, enseguida nos animamos y decidimos llegar al punto más alto. Entramos en la zona no rehabilitada, en la que los escalones se transforman en cuestas de pendiente infinita. Las vistas desde lo alto merecen la pena. La bajada, superada la zona no rehabilitada, se hace mucho más fácil, incluso vamos medio corriendo para intentar llegar al autobús de las dos (el 867, que lleva directamente a Beijing). Nuestros planes se ven fustrados ya que hay mucha gente en la bajada del tobogán, y nos toca esperar. La bajada es muy chuli, vas en una especie de plataforma por un tobogán parecido a los de los parques acuáticos. Salimos corriendo y vemos como el autobús se va en nuestras narices, y el próximo es a las 4 de la tarde. Vienen un montón de taxistas, y de momento, comemos los sandwiches que llevamos mientras pensamos qué hacer. Finalmente, ya que la diferencia de precio es muy poca, cogemos un taxi (20 Yuan) hasta Hairou y de allí de nuevo el 916.


 Esta es la camiseta de "un maño sabático", regalo de Isa, Susana y la Cata, y el cachirulo, regalo de Máximo.

 Fernán "trepando" por la Gran Muralla


Este es el tobogan por el que hay que bajar.

Ya en Pekín vamos a la estación de tren a comprar el billete a nuestro próximo destino: Pingyao. Como era de esperar, no hay para el día siguiente, así que nos toca estar un día más en Pekín. La ventanilla para comprar los billetes está en el exterior de la estación, y además, cuenta con un ventanilla especial para extranjeros. No aceptan pago con tarjeta de crédito.
Hoy es el cumpleaños de Pepón, ¡¡muchas felicidades Pepito!!
8-11-2011
Ya que tenemos un día más, aprovechamos para ir a ver los Hutongs. Aunque la visita es curiosa, no es diferente de los callejones que vemos en cualquier sitio, al lado del hotel mismamente. Y es que en Pekín, a pesar de tener avenidas inmensas, en cuanto sales de la calle principal encuentras unos pequeños callejones en los que, en casas de apenas 20 m2, vive gran parte de la población.

Curiosa manera de tender la ropa
Nos llama la atención la cantidad de cachorros que vemos por aquí. Y el dato es ese, que sólo vemos cachorros, no hay ni un perro adulto. No queremos ser mal pensados pero da que pensar...
Los hutongs llevan a la zona comercial cercana a la plaza de Tian’anmen, a Quianmen Street.
Volvemos al hotel andando, y dedicamos la tarde a planear un poco viaje.

9-11-2011
Nos quedan varias cosas que ver en Pekín, el templo de los lamas, el templo de Confucio, la torre de la Campana, varios jardines… Pero teniendo en cuenta que vamos a pasar casi dos meses recorriendo China, creemos que podemos prescindir de la visita. Por lo tanto, pasamos la mañana por el hotel, y por la tarde cogemos el tren hacia Pingyao.

Podéis ver más fotos de Pekín en nuestra web
Datos prácticos para viajar a Pekín: www.quetequitenloviajao.com

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