Lijiang

28-11-2011

Antes de las seis de la mañana ya está el conductor de la furgoneta llamando a nuestra puerta. Acostumbrados ya a a los viajes en bus, las seis horas de viaje hasta Shangri-la nos parecen pocas, ni siquiera los vómitos de la que tenemos delante logran inmutarnos.

Dudamos entre hacer noche en Shangri-la o irnos directamente a Lijiang. Finalmente, las ganas de estar en un sitio durante más de un día, unido a la necesidad de lavar la ropa, hacen que optemos por coger el bus a Lijiang. Son "sólo" cuatro horas, el autobús es grande, cómodo, la carretera está asfaltada y sin baches, ¡todo un lujo!

La llegada ­­­­a Lijiang es, como en la mayoría de las ciudades, un poco complicada. No sabemos dónde nos ha dejado el autobús, ni a la distancia que estamos del centro. Intentamos preguntar por algún autobús que nos lleve, pero nos aconsejan coger un taxi. Hay varios taxistas por allí rondando, y tras algún intento de buscar otra alternativa, no nos queda más remedio que coger una furgonetilla. (10 Yuan por persona)

Tenemos apuntado un hostal para ir. El taxi nos acerca al Old Town, y allí descubrimos que cada dos pasos (literal) hay un hostal. Preguntamos en varios, y nos enseñan uno, que después de los últimos días nos parece el paraíso. Habitación grande, con baño dentro y ¡taza!, agua caliente, tele, toallas, gel y champu, wifi, y lavandería gratis (120 Yuan).

Estamos super contentos por poder ducharnos, por no tener que llevar 4 capas de ropa, y ¡por fin vamos a tener ropa limpia!. Salimos a pasear, y de primeras, nos llevamos muy buena impresión. El “Old Town” es todo un entramado de callecitas, llenas de tiendas, bares, restaurantes, que desembocan en una plaza. Alrededor de las calles discurren varios canales. En lo alto se ven varios templos iluminados.

Nuestra primera decepción llega a la hora de cenar. Aunque hay muchos restaurantes, los precios son más caros que en cualquier otra ciudad. Toda la zona está llena de gente, lo que nos hace pensar que estamos en una especie de “Marina D'or”.



29-11-2011
Queremos tomarnos unos días de tranquilidad aquí.  Por la mañana aprovechamos para pasear por el “Old Town”. El ambiente no tiene nada que ver con lo que vimos por la noche, las calles están mucho más vacías, lo que hace mucho más agradable el paseo. 







En esta zona viven los Los Naxi, un grupo étnico procedente de Tíbet que se ha asentado en Lijiang. Lo más característico es que tienen su propio lenguaje (Dongba) y su estructura social. Los pueblos naxi vivían en familias matriarcales donde el poder de la mujer predominaba sobre el del hombre y existían acuerdos flexibles para los asuntos amorosos. Como cabezas de familia, eran la principal fuerza de trabajo. El sistema del “azhu” permitía a una pareja ser amantes sin establecer una residencia conjunta, cada uno permanecía viviendo en sus respectivos hogares y cualquier hijo nacido de la pareja pertenecía a la mujer, que sería la responsable de criarlo. Las mujeres heredaban todas las propiedades y las disputas eran juzgadas por las mujeres más ancianas.
A la hora de comer salimos por fuera de esta zona, y descubrimos una especie de mercado con varios puestos de comida. Allí Fernán se las ingenia para prepararse unos huevos rotos con jamón.
Fernán, viva imagen de la felicidad

Por la tarde vamos al parque Black Dragon Pool. La entrada cuesta 80 Yuan, lo que nos parece carísimo para un parque. Luego descubrimos otra entrada, más al norte, por la que pensamos que es posible colarse, pero hay que conocer la zona. También nos quedamos con la duda de saber si hay que pagar entrada si vas a última hora.




El parque es muy chuli, los colores del otoño hacen que esté muy bonito. Allí esperamos a que anochezca para hacer fotos del parque iluminado. La espera merece la pena.


Cenamos cerca de nuestra hostal, con la intención de irnos a dormir pronto y descansar. En la mesa de al lado hay un grupo de chinitos de juerga, no paran de reír, bailan, piden música al grupo que está tocando, etc. Se nos acercan y nos invitan a un chupito, que no podemos rechazar y bebemos, mientras ellos gritan emocionados. No sabemos lo que es, pero está muy dulce. Después de esto vienen otros más, y ya directamente nos traen dos jarras de este licor para nosotros. Sólo un par de ellos hablan inglés, pero la situación es muy divertida. Nos dicen que van a ir a su hotel, y que vayamos con ellos. Y claro, no podemos negarnos…



Esto es de lo mejor de los viajes, el no tener nada planeado y que surjan este tipo de cosas. Nada más llegar a su hotel, preparan el karaoke, y allí van turnándose, mientras todos bailan alrededor. Nos toca el turno de cantar a nosotros, y aunque nos es complicado, conseguimos encontrar algo de Julio Iglesias y Raphael.
A todo esto, no son ni las doce de la noche. Alucinan cuando les contamos que en España salimos a esa hora y estamos hasta las tantas por ahí. Finalmente, ellos se van a comer unos noodles y nosotros nos retiramos. ¡Nos lo hemos pasado  genial! Aquí os dejamos una pequeña muestra de la noche.
El día siguiente lo dedicamos a descansar e ir a la estación para comprar el billete para Dalí. Por la noche vamos a despedirnos de nuestros “amiguitos”, y los encontramos, para envidia nuestra, con la misma juerga que el día anterior. Esto nos ha servido para descubrir que eso de que los chinos no saben divertirse es totalmente falso.

Podéis ver más fotos de Ljiang en nuestra web.

Datos prácticos para viajar a Lijiang: www.quetequitenloviajao.com

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