Litang - Xiangcheng

25-11-2011
Como la experiencia del día anterior con la carretera fue un poco dura, esta vez nos damos un capricho y vamos a ir en "el avión”, servicio regular.
Los blanquitos del fondo a la izquierda somos nosotros


El bus a Litang sale de Kangding  a las 6.30, y tarda 10 horas. Cuesta 87 Yuan. A pesar de que la estación es pequeña, es un poco lioso encontrar el autobús, nos metemos en uno que nos indican, pero tenemos que bajar porque no es. Tras unos momentos de tensión, el conductor nos lleva al nuestro.
El autobús está bastante destartalado.  Aunque nuestros sitios están por la mitad, dentro del autobús el que manda es el conductor, y como ya están ocupados por unos chinitos, nos manda al final. A lo largo del camino nos acordaremos varias veces de él y su familia.
El camino es infernal. No hay ni un kilómetro asfaltado. Continuamente vamos dando botes. Aunque al principio nos lo tomamos a risa, (uno que va delante, cada vez que damos un bote grande se vuelve para ver cómo nos reímos), al final se hace desesperante. El paisaje, eso sí, hace más llevadero el viaje.
Ilusos de nosotros, pensamos que el viaje dura 8 horas, así que contamos con llegar sobre las 14.30 y comer allí. En una parada, conocemos a Paul, un estadounidense que nos dice que todavía faltan 5 horas (lo que supone llegar a las 17:00). Eso nos hunde totalmente, aunque ambos tenemos la esperanza de que se esté equivocando.
Las horas pasan, y a cada curva esperamos ver la ciudad. Lo más duro es no tener ninguna referencia. Batimos nuestro record al pasar por un puerto a 4.718 metros de altura, ¡casi nada!
Vemos una especie de pueblo, y ya, emocionados, nos preparamos para bajar. Tendríais que ver la cara de tontos que se nos quedó cuando el autobús pasó de largo sin parar.
Por fin, tras 10 interminables horas, llegamos a Litang. En la estación volvemos a juntarnos con Paul y vamos al Peace Guest House, muy cerquita de la estación. Es un hotel muy básico, la habitación es muy sencilla, con baño compartido, de los de taza turca (al menos esta vez la ducha y el baño están separados). Tiene wifi, y una de las personas que está por allí habla inglés.
Tras instalarnos, nos vamos con Paul a dar una vuelta. Nos sorprende ver que habla tibetano. Nos cuenta que ha estado varias veces por allí, y se mueve como pez en el agua.
Estamos a más de 4.000 metros y el mal de altura pasa factura. Además, hemos hecho todo lo contrario a lo que se debe hacer. Si lo aconsejable es comer bien y beber mucha agua, nosotros no hemos comido y no hemos bebido agua en todo el camino. También es bueno pasar al menos dos noches en Kangding para aclimatarse.
Comemos, y acompañamos a Paul a buscar libros tibetanos. Litang es básicamente una ciudad con una calle principal, en la que hay restaurantes y tiendas. Entre unos callejones encontramos un mercado en el que hay varios puestos.

No tiene nada que ver con la China que hemos visto hasta el momento. Ellos, físicamente, son muchos más morenos, con las facciones muy marcadas. Muchos visten con ropa tibetana, y llevan sombreros tipo cowboy. Nadie habla inglés, y Paul nos advierte que en que caso de que nos empujen o algo así que no hagamos nada. Todos llevan  machete.
26-11-2011 
Nada más salir del hostal, se nos acercan unos hombres, y lo poquito que podemos entenderles es algo de buitres. Pensamos que nos están ofreciendo llevarnos a algún sitio desde donde se podrán ver. Luego nos enteraremos de lo que nos están diciendo... Se trata de los "sky burial". Cuando alguien muere, lo que hacen es romper su cráneo y cortar su cuerpo en filetes, y dejar que los buitres se coman su cuerpo. Esta forma de enterramiento refleja su forma de pensar, en la que el cuerpo no es más que un despojo. 

Vamos con Paul a visitar el monasterio Chamchen Choekhorling. Es una suerte ir con él, ya que nos explica un montón de cosas sobre la cultura tibetana. Intentamos aprender alguna palabra en tibetano, pero está claro que somos unos negados, y en cuanto aprendemos una se nos olvida la anterior. Nos quedamos muy contentos porque nos dice que esto es más auténtico que lo que podamos ver en Lasha.
En el camino vemos varias estupas y algún pequeño templo. Varias personas llevan consigo una especie de molinillo que van girando. En su interior hay oraciones (mantras) y al girarlas, siempre en el sentido de las agujas del reloj, es como si fueran repitiendo las oraciones.

Al caminar hacen girar sus "molinillos de oración".

Subimos por una montañita, desde la que se ve el monasterio y se tienen unas fantásticas vistas de la ciudad.



En este monasterio viven casi 2.000 monjes. Visitamos varios templos, incluso nos abren uno que está en construcción.  Paul nos va explicando varias cosas, lo que hace la visita más interesante.

Paul va a buscar la sala de estudio, por lo que Fernán y yo continuamos la visita solos. Nos metemos en un templo, y nos dejan encerrados. Tras unos diez minutos yendo de puerta a puerta, conseguimos llamar la atención de un monje que nos abre.
Llegamos a su escuela. Debe ser la hora de descanso de los monjes, y hay varios niños jugando por allí.


No hay mucho más para hacer en Litang. Por la tarde damos una vueltecilla por el pueblo y el mercado.







Intentamos comprar el billete para Xiangcheng, pero la estación de autobús está cerrada. Otra opción es ir con una mini furgoneta. Preguntamos y hay una que va a Daocheng, pero nos dicen que no hay ninguna hasta Xiangcheng, por lo que decidimos acudir a las ocho al punto donde se reúnen, y buscar entonces alguna. La ventaja de la mini furgoneta frente al autobús es que éste sale al  mediodía, con lo que pierdes todo el día en el viaje. El inconveniente, que no sabes cuántas personas pueden ir en ella.
Hace mucho frío, y tenemos dolor de cabeza constante por el mal de altura. El pensar en todas las horas de autobús que nos quedan hace que este sea uno de los momentos más duros de lo que va de viaje… (lo peor está por llegar).
27-11-2011
Salimos a buscar transporte para Xiangcheng, y enseguida aparece un conductor que va hacia allí. Nos pide 100 Yuan, y conseguimos rebajarlo a 90 Yuan.
De primeras sólo vamos una mujer, y nosotros dos. A mitad de camino, suben tres chicos más. La carretera está asfaltada. Parece que las cosas van saliendo bien. Pronto descubrimos que se va a cumplir la conocida frase “hoy es un día maravilloso. Seguro que viene alguien y lo jode”.
Tras 3 horas de camino, paramos en Daongcheng. El paisaje es totalmente tibetano, pasamos por varias aldeas, y continuamente se ven estupas. Las montañas que rodean la carretera están casi sin vegetación, y son de color ocre, muy diferente a otras zonas montañosas.
 Somos los únicos que vamos a Xiangcheng, y el conductor dice que nos bajemos y que nos cambiemos de furgoneta, que sale tres horas más tarde. Nos negamos, discutimos con él, pero es hablar con la pared, ya que no habla nada de inglés ni nosotros chino. Finalmente parece que salimos hacia allí, pero no para de gritar, lo que unido al machete que lleva, hace que le pidamos que nos deje allí (gran error!!!!). Nos cobra 60 Yuan.
A partir de entonces la situación empeora por momentos. Hay una furgoneta que va a Xiangcheng, nos cobra 50 Yuan, y cuando intentamos rebajar a 40 Yuan, se niega de muy malas maneras. Preguntamos por el autobús, pero nos dicen que no hay, lo cual nos extraña mucho. Hay un autobús a Shangri-lá, pero tenemos que esperar 2 días allí. Hacemos autostop, paran varios taxis que nos cobran entre 300-500 Yuan por llevarnos. El de la furgoneta viene varias veces, pero no nos gusta su actitud, y pasamos de él.
Finalmente, en plena desesperación, vuelve a aparecer, y  esta vez, enterramos el hacha de guerra y subimos. El camino hasta Xiangcheng, más de dos horas, es en parte por caminos.
Nada más llegar, una mujer nos ofrece hotel y la posibilidad de ir a Shangri-la al día siguiente, por 80 Yuan, lo que aceptamos. Vemos el hotel, y aunque muy sencillo, aceptamos por 50 Yuan. La primera sorpresa es cuando vamos al baño, compartido, y encontramos, literalmente, un truño del tamaño de un buey. Cojonudo, teniendo en cuenta que la taza turca está al lado de la ducha. (Aviso: las siguientes imágenes pueden herir la sensibilidad del lector).

El autor de tan monumental obra junto a su "criatura".
Xiangcheng no tiene nada especial. Bueno, al menos para nosotros es sólo el trámite para llegar a Shangri-lá.
Cenamos, y volvemos al hotel. Nos disponemos a ducharnos, pero parece que el día no ha acabado… No hay agua caliente, ¡estupendo! En esta zona, al no haber calefacción, lo que hay son mantas eléctricas sobre el colchón. Pues en este hotel no funciona, ¡yupiiiiiiiiii!!!!. Hoy toca dormir con leotardos. Al menos, ya no tenemos dolor de cabeza.
Aunque estos días han sido duros, nos alegramos de haberlo hecho. Hemos descubierto otra China totalmente diferente, y aunque nos queda pendiente la visita al Tíbet, nos quedamos con la sensación de haber visto al menos, lo más parecido.


Podéis ver más fotos en nuestra web.

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