Melbourne

23-07-2012 
Gracias a Marco, un peruano que a través de couchsurfing nos alejó en su casa, nuestra estancia en Melbourne fue mucho mejor. No sólo nos dejó dormir en su casa, sino que nos ofreció una master room, una habitación enorme, con baño interior, ¡incluso con bañera! Después de tantos días en furgoneta nos pareció un sueño. ¡GRACIAS!!!

Tras instalarnos en su casa, vamos a devolver la furgoneta. No hay forma de solucionar lo del tapón del tanque de agua, así que sólo nos queda esperar que no lo vean, o que la penalización sea la mínima posible. Aparcamos, y ya estamos a punto de entrar para entregar las llaves, cuando vemos varias furgonetas de la compañía aparcadas. Aunque no son el mismo modelo, se nos ocurre probar a ver si la llave de nuestro tapón es la misma, y ¡tachán!!!, ¡funciona! Esperando que no haya cámaras grabando la jugada, ponemos el tapón en la nuestra, que encaja a la perfección. ¡Otro problema solucionado!

Desde allí vamos al centro de la ciudad. Empezamos nuestro recorrido en Federation Square, el corazón de la ciudad. Frente a ella se encuentra Flinders Street Station, un edificio imponente por el que cada día pasan unos 100.000 pasajeros.

Flinders Street Station

Catedral St. Paul

Federation Square


En las calles de Central District se concentra gran parte de la actividad de Melbourne, así que pasamos la tarde recorriéndolas; tan pronto estás rodeado de restaurantes chinos en Chinatown como de lujosas tiendas de marcas en Collins St. Los graffitis son también parte importante de la ciudad.

Movida, un bar español


El Parlamento

Seis de los diez edificios más altos de Australia se encuentran aquí. Destaca "Eureka Tower", la torre residencial con mayor altura del mundo.



Acabamos la jornada cenando con Marco, que nos prepara unos macarrones buenísimos.

Tras una parada en el mercado Queen Victoria, un mercado que cuenta con una extensión de siete hectáreas, el día siguiente lo dedicamos a visitar la parte al otro lado del río Yarra.





En los jardines Queen Victoria está  "Shrine of Remembrance", un homenaje en memoria de todos los australianos que participaron en la primera guerra mundial. Desde allí también nos llevamos unas buenas vistas de la ciudad.



Shrine of Remembrance




Desde casa de Marco al centro hay unos cinco kilómetros, y eso, unido a todos los kilómetros que añadimos entre paseo y paseo, hacen que nuestros pies empiecen a acusar el cansnacio. Melbourne cuenta con un autobús gratuito que hace parada en los principales puntos de interés, así que nos parece una opción perfecta. Por eso nos llevamos una buena desilusión cuando tras cogerlo, nos damos cuenta de que es el último del día y sólo hace una parada más. 

Para finalizar el día, optamos por visitar la zona de Dockland.



Por último, volvemos a Chinatown, donde nos damos un buen homenaje en un buffet.


A pesar de estar en Melbourne, una ciudad a la que teníamos un montón de ganas de ir, a pesar de tener una habitación perfecta, aquí sufrimos una “crisis viajera”. Mientras que a Miriam le gustaría quedarse un tiempo trabajando aquí, Fernán no ve el momento de irse de Australia. Por otra parte, Australia, con sus enormes distancias, con sus precios y su forma de vida tan distinta de Asia, nos ha ido agotando, lo que nos hace descartar nuestra idea inicial de ir a Nueva Zelanda (unido al frío que hace allí ahora, lo que va a condicionar la visita al país). No quedan tantos meses de viaje como para ir a Sudamérica, por lo que también lo dejamos para otra ocasión. Por primera vez empezamos a pensar en el fin del viaje, y una mezcla de sensaciones nos invade.

Barajamos varios destinos. El Nido, en Filipinas, parece la opción perfecta, pero estamos en época de monzones. Así que de momento nos conformamos con comprar un vuelo a Singapur, ¡regresamos a Asia!

No podíamos acabar de mejor forma nuestros días en Melbourne. Marco organiza una cena con varias personas, y prepara una paella. ¡Primera paella en nueve meses! Nosotros, que el tema de las paellas preferimos confiárselo a nuestras madres, contribuimos con una tortilla de patata y unos huevos revueltos. Gracias a Marco y Rafael, un compañero de piso de éste, pasamos una velada estupenda. ¡Muchas gracias a los dos por todo!

¡¡Por fin podemos comer paella!!


¡¡GRACIAS CHICOS!!



2 comentarios:

  1. ¡Qué guay lo de la paella! ¿Decorasteis la tortilla? Seguro que os quedó buenísima.

    ResponderEliminar
  2. Siii, fue muy chuli, cuando dijo que iba a hacer paella no lo podíamos creer!! No decoramos la tortilla, una pena... Nos quedó mejor la de Sidney, que ya teníamos más práctica

    ResponderEliminar